ENTREVISTA: ELECCIONES EUROPEAS - Los candidatos:
WILLY MEYER Candidato de IU-ICV
"Europa es un esqueleto frente a la crisis"
VERA GUTIÉRREZ CALVO - Madrid - 03/06/2009
Madrileño de 56 años -difícil deducirlo de su nombre-, Willy Meyer Pleite aspira a renovar el día 7 sus cinco años de eurodiputado por IU-ICV. Miembro de la dirección del PCE, siempre ha estado donde los ciudadanos le han puesto: fue concejal, diputado provincial en Cádiz y parlamentario nacional antes de recalar en la Eurocámara.
Pregunta. ¿La crisis pone en riesgo los derechos sociales conquistados por Europa?
Respuesta. En la época de crecimiento ya ocurrió: se apostó por un modelo que hacía prevalecer la libertad de mercado sobre los derechos de los trabajadores. Hay, por ejemplo, tres sentencias del Tribunal Europeo que legalizan el dumping social: es decir, que en una empresa los trabajadores que no son de ese país cobren según el salario de su país de origen, no de donde se radica el trabajo. Eso rompe el modelo social europeo. Además, irrumpió la filosofía de privatizarlo todo, de dejar a los Estados sin capacidad de intervención, y eso lleva a la destrucción del modelo social basado en servicios de calidad. Claro, con la crisis todo esto se acentúa. Europa está en una encrucijada: hay que ir a un nuevo modelo.
P. ¿Los sindicatos lo están haciendo bien?
R. Valoramos muy positivamente que CC OO y UGT demandan una reforma fiscal para ir a la progresividad, que es a lo que deben ir España y Europa. También la Confederación Europea de Sindicatos plantea la necesidad de un modelo económico distinto.
P. Ustedes plantean una reforma laboral a la inversa: "en beneficio de los trabajadores".
R. Sí, hay que ir a la ofensiva: que se establezca por ley la jornada de 35 horas, una mejora sustancial de los salarios y acabar con la temporalidad y la flexiseguridad. Que los Estados jueguen un papel importante en sectores importantes. Europa ahora mismo es un esqueleto con muy poca capacidad de intervención en la crisis. El ejemplo es lo que ha pasado con General Motors-Opel: Obama ha nacionalizado GM, Europa no. Hay que rescatar los sectores estratégicos: energía, transporte, telecomunicaciones, siderurgia, agua...
P. ¿Por dónde empezarían a nacionalizar?
R. Lo más urgente es el sector financiero. El Gobierno lo que ha hecho es garantizar los beneficios de los bancos.
P. ¿Se refieren a nacionalizar los bancos privados que existen o a crear una banca pública?
R. El primer paso sería crear una banca pública, a través del ICO. No, no hablamos de nacionalizar todo el sector, sino de contar con una banca pública. Inmediatamente después, pasar al rescate de los servicios estratégicos que fueron privatizados, creando fórmulas mixtas o directamente nacionalizándolos. La energía es vital: el debate de la sociedad pospetróleo no nos lo pueden hacer las multinacionales.
P. IU es de las pocas fuerzas políticas que mantiene una oposición frontal y sin matices a la energía nuclear...
R. Sí, nosotros mantenemos el 'nucleares no, gracias'. Con el modelo alternativo que defendemos de intervención pública, una parte de los beneficios iría a una política de mayor eficiencia, y está calculado que con un 25% de ahorro el debate de las nucleares sería innecesario. Por tanto, mantenemos la reclamación de cierre de las centrales nucleares. También una apuesta de i+D+I en energías renovables.
P. ¿Cuál es su principal propuesta para regular la inmigración en Europa?
R. Lo primero es derogar la directiva de retorno o directiva de la vergüenza. Europa necesita la inmigración económica para subsistir. Sin inmigración, el proyecto europeo no tiene futuro. Hay que dar una respuesta democrática y humana a las personas que necesitamos para cobrar las pensiones el día de mañana. La directiva criminaliza a los sin papeles.
P. Y una vez derogada la directiva, ¿qué propondrían para regular la inmigración?
R. Cambiar el modelo actual de crecimiento, pactado por el Partido Popular y el PSOE. Ese modelo nos ha llevado a la recesión y al paro. Con un cambio de modelo habría empleo para los europeos y también para los inmigrantes.
P. ¿Y ya no habría que controlar las fronteras?
R. El control de fronteras es imprescindible, pero podríamos introducir hasta a 25 millones de inmigrantes, que son, según la Comisión Europea, los necesarios para sostener Europa. Por otro lado, la mejor receta ante la inmigración es incrementar la ayuda al desarrollo.
P. Izquierda Unida aplaudió la decisión del Tribunal Constitucional que permite concurrir a las elecciones a Iniciativa Internacionalista-Solidaridad de los Pueblos (II-SP). Al día siguiente, Arnaldo Otegi salió a pedir el voto para esa candidatura, y ahora participa en sus mítines. ¿Siguen aplaudiendo la decisión del Constitucional?
R. Nosotros no aplaudimos.
P. Dijeron que era bueno desde el punto de vista democrático que se pudieran presentar...
R. No, nosotros no aplaudimos. Lo que dijimos es que criticábamos la decisión del Supremo [que había anulado la candidatura]. Nosotros hemos votado contra la Ley de Partidos porque es un atajo inaceptable en la lucha contra el terrorismo y porque las ideas no pueden ser perseguidas. Cuando el Constitucional falló, simplemente constatamos que el Estado de derecho había funcionado. Una vez que el mundo de HB ilegalizado pide el voto para esa candidatura, pues la define bien; y por tanto nosotros, que siempre hemos sido una fuerza confrontada de forma radical con el terrorismo, también estamos confrontados con esta candidatura.
P. ¿Entonces les alegra o les apena que II-SP concurra a las elecciones europeas?
R. Es que no nos provoca ninguna sensación la situación de ninguna candidatura. Es un tema que ni nos va ni nos viene.
P. Los dos eurodiputados de IU-ICV, usted mismo y Raül Romeva, están entre los más trabajadores de la Eurocámara, pero los sondeos les auguran un estancamiento o incluso un descenso. ¿Les desalienta?
R. No, porque conocemos las reglas del juego. Ese trabajo que efectivamente hemos hecho no ha tenido correspondencia en los medios de comunicación, porque no interesa el trabajo: sólo interesan los grandes partidos, trabajen o no. Pero esto no nos desmoraliza: nos da más fuerzas. Publicado en El Pais:http://www.elpais.com/articulo/espana/Europa/esqueleto/frente/crisis/elpepiesp/20090603elpepinac_6/Tes?print=1El Debate de ayer en TVE está en:http://www.rtve.es/
sábado, 6 de junio de 2009
domingo, 22 de marzo de 2009
EL RETORNO DE CARLOS MARX
La Sexta-Noticias difundió el 30 de octubre del 2008 esta noticia singular: “El arzobispo (católico) de Munich y Freising, Reinhard Marx, se ha convertido en el representante de Karl Marx dentro del mundo católico tras escribir un libro titulado El Capital, en el que carga con dureza contra el capitalismo salvaje, al que culpa de todos los males de este mundo”. El País, por su parte, publicó, el domingo 3 de noviembre, un artículo de opinión de Ángel Rupérez con el título: “El retorno de Marx” y el pasado 13 de diciembre, Reyes Mate, nos repite de nuevo en El Periódico, que Marx vuelve a estar de moda, como lo está últimamente en Alemania, en donde las obras de Marx se agotan en las librerías. ¿Qué ha pasado para que Marx cobre de nuevo actualidad?
Ante la crisis que sufrimos, todo el mundo se hace preguntas y busca respuestas ¿Cómo pudieron causar las hipotecas basura una crisis financiera mundial de tales dimensiones? ¿Cómo es posible que grandes bancos, aseguradoras y financieras hayan podido desplomarse como un castillo de naipes? Nadie tiene una respuesta convincente dentro del capitalismo, por ello se recurre a Marx que fue quien desentrañó la perversidad de los mecanismos internos del capitalismo y el primero en anunciar su fin tras una de sus numerosas y continuas crisis. Es verosímil que ese fin no esté aún a la vuelta de la esquina, pero sí es posible que el fracaso del sistema capitalista financiero, según lo han reconocido el presidente francés Sarkozy y el premio Nóbel de Economía Joseph Stitglitz, sea el principio de ese fin.
1.- El dios del beneficio
El meollo del sistema capitalista es la búsqueda de un beneficio continuo. En el mercado capitalista –dice Marx- las mercancías no tienen sólo el valor de uso por el que, mediante su intercambio, se satisfacen las necesidades humanas, sino que buscan, sobre todo, el valor de cambio que incluya siempre un aumento de valor, plusvalía o beneficio, convirtiéndose entonces en capital y a su poseedor en capitalista. Para él, es éste el principio voraz del sistema capitalista que le incita de continuo a cualquier forma de abuso, con tal de hacer valer el aspecto esencial del beneficio por encima de todo. “La fórmula general del capital, tal como se manifiesta en la circulación es, comprar para vender más caro” (El Capital, l. 1). Bellamente nos lo dice Beltolt Brecht en su “Manifiesto comunista en verso”:
“No está destinada la casa a ser habitada,Ni el paño a vestir, ni el pan está destinado sólo a ser comido:Debe aportar ganancias….Deben realizar más en la mesa de trabajoQue sólo alimentar, vestir y alojar al hombre y a los suyos,Si es que ha de haber beneficios…Y entonces lana y trigo, café y frutas y pescados y cerdos¡todo ello sacrificado en el fuego, para ablandar al dios del beneficio!
La codicia de la rentabilidad, del beneficio, expresado en dinero, es el ídolo absoluto de los capitalistas de ayer y de hoy. Lo hemos visto en el último escándalo financiero de Wall Street. Bernad L.Madoff, al igual que el banco de inversión Lehman Brothers, ofrecía a los inversores financieros beneficios del 12% anual, que sextuplicaban las ganancias de la Bolsa. Esta codicia y ansia de beneficios, altos y rápidos, cegó y trastocó la sensatez no sólo de los inversores privados sino también de respetables (¡!) bancos mundiales, del BNP Paris, del HBSC y Fortis y, en España, de los todopoderosos Santander, BBVA, Caja Madrid, La Caixa y de la empresaria Alicia Koplowitz (Publico, 21 de diciembre 2008).
Pero ¿de dónde procede este beneficio o ganancia capitalista? Y ¿por qué la condena Marx?
2.- El trabajo, mercancía escasa y depreciada hoy
La TVE nos mostró, los últimos días del pasado año, las imágenes de numerosos grupos de inmigrantes vagando, sin techo ni comida, por Jaén y Córdoba buscando trabajo en la recogida de la aceituna. Se podría decir que ninguna imagen mejor que ésta nos recuerda “el ejército de reserva de los capitalistas” de que hablaba Marx. Pero lo que esta imagen nos muestra, no es tanto el penoso deambular de los trabajadores/as buscando trabajo, sino la misma esencia del capitalismo: el que unos pocos poseen todos los medios de producción/financiación y otros muchos sólo su fuerza de trabajo que deben vender para subsistir. Sin embargo, en nuestra sociedad, poco importa esta condición de mercancía del trabajo que el empresario compra. Por cualquier precio se venderían los inmigrantes con tal de que les diesen un puesto de trabajo en la aceituna. Lo perverso del sistema aparece en que no tiene trabajo para ellos, porque con anterioridad, los tajos han sido ya ocupados por otros trabajadores, los de la construcción, que ante el derrumbe de la misma, no han tenido más remedio que volver a trabajos que anteriormente no querían. En nuestra sociedad el trabajo, en general, es un bien tan escaso, que cada vez cuesta más tenerlo. Y la línea divisoria está no sólo entre los que tienen trabajo o están parados, sino también entre los que gozan de un contrato fijo o sólo eventual y precario. El trabajo se ha precarizado hoy tanto que sólo se utiliza para el momento que se necesita: unos meses, unas semanas, los lunes o unas horas al día. Trabajadores justo a tiempo (just in time workers, que dicen los ingleses). En España, en 2007, más del 45 % de los trabajadores entre los 25 y 30 años tienen un contrato temporal, el doble que la media europea. El trabajo como una mercancía que denunciaba Marx en su tiempo vale cada vez menos, se de-precia y des-precia hoy cada vez más. ¿Por qué? Lo describe Carlos Fuentes en su novela Todas las familias felices: El patrón, Leonardo Barroso, decía: “Mira, Abel. Aquí no hay trabajadores imprescindibles. Con las tecnologías modernas la producción crece y el trabajador decrece”. Se calcula que, en España a principios del año 2009, se llegará a 3 millones de parados, al 13 % de los ocupados.
3.- La tasa de explotación y la tasa de ganancia
Los trabajadores que tienen la suerte de ocupar un puesto de trabajo, se verán más explotados todavía en el mismo trabajo. El miedo a perderlo les hará pasar por no cobrar todo el salario pactado o cobrarlo con retraso, a soportar la prolongación de la jornada y trabajar más horas sin cobrarlas, o a trabajar a un ritmo más intenso por los controles de tiempo o el aumento del rendimiento por la incorporación de maquinaria más perfecta etc. Pues bien, esa explotación del trabajador/a en el puesto de trabajo Marx ya la analizó, describiéndola como plusvalía o tasa de explotación. La plusvalía es el tiempo de trabajo suplementario que el obrero realiza para reproducir su fuerza de trabajo o ganar su salario. Plusvalía absoluta llama Marx a la que el empresario obtiene aumentando la jornada de trabajo o su ritmo y relativa, cuando introduce nueva maquinaria, o elimina los tiempos muertos o movimientos superfluos, mejorando el alumbrado etc. Mediante esas medidas el trabajador produce más con el mismo desgaste de energía. Esta plusvalía es la característica propia de la explotación capitalista. Y ella es la fuente de la ganancia o beneficio del empresario capitalista, no la el intercambio o venta de las mercancías a un precio mayor.
Marx descubre, además, otra fuente de ganancia y beneficio capitalista, que denomina tasa de ganancia. Esta proviene de la inversión de la plusvalía y de la parte de los salarios detraídos o no pagados en la modernización constante de la maquinaria y en tecnología. Con ello aumenta su capital fijo y, por tanto, la productividad de sus trabajadores, fabricando más productos a menor precio. Cuando el Presidente de la CEOE, Gerardo Díaz, dice que hay que aumentar la productividad, a eso se refiere, a aumentar la tasa de ganancia. La búsqueda del incremento de esta tasa de ganancia a costa del trabajador/a es el motor de todas las empresas y de toda la economía capitalista. Toda empresa se ve empujada por la competencia de los otros empresarios a obtener mayores beneficios o mayor tasa de ganancia, invirtiendo en maquinaria y tecnología o capital fijo. Por ello la producción crecerá y el trabajador/a decrecerá, como decía el patrón Leonardo Barroso.
4.- El talón de Aquiles de de la economía capitalista
Marx demuestra que ahí precisamente radica el talón de Aquiles de la economía capitalista. Porque si el aumento de la tasa de ganancia se basa en el crecimiento del capital fijo (gastos en maquinaria, organización, energía, edificios) y la consiguiente sustitución del trabajador, que crea la plusvalía, por las máquinas, esto irremediablemente provocará la caída de la tasa de ganancia, ya que ésta se compone del capital constante, más la plusvalía y los salarios. Este capitalista se quedará detrás de la competencia, porque aunque prescinde de los costes salariales, se priva también de la plusvalía y aumenta sus costes de producción en maquinaria y tecnología, por lo que ganará menos, hasta llegar un día en que no ganará nada, viéndose obligado a despedir a los trabajadores o cerrar su empresa. La competencia, la tasa de ganancia y los despidos van juntos.
Esto es lo que está ocurriendo en la crisis presente. Los casos claros del cierre de Holcim en Torredonjimeno o Cerámica Bellavista en Sevilla; las ERE de Nissan, Opel, Renault, Spanair, Frigo, UPS en Vallecas etc., etc., no significan otra cosa. Ven reducida la tasa de ganancia a menos de lo esperado y la quieren aumentar allí donde la mano de obra es más barata, es decir, se van a países donde la tasa de explotación del trabajador y la tasa de ganancia es más alta y más fácil, bien sea porque la jornada de trabajo es mayor o más intensa o porque pagan salarios inferiores etc. No les importa el empobrecimiento de las/os trabajadoras/es y del pueblo, el crecimiento del paro, el hambre, las enfermedades, la desesperación etc., que es el único rastro que van dejando por donde pasan.
5.- Concentración del capital, aumento de los empobrecidos
Sin embargo, unas empresas caen y otras, triunfantes, van aumentando su capital. La crisis para ellas es su oportunidad de crecimiento. Así ha ocurrido en EEUU y Europa. Desaparecieron los grandes bancos de inversión: Lehman Brothers, Merril Lynch, la aseguradoras hipotecarias AIG, Fannie Mae y Freddie Mac, el financiero Bernard Madoff etc., han crecido, en cambio, el Bank of America y Citygroup. En Europa el banco belga Fortis es engullido por BNP Paribas, el Commerzerbank de Alemania es parcialmente nacionalizado. En España han caído las grandes empresas inmobiliarias: Acroc, Colonial, Metrovacesa, Martin-Fadesa, Habitat, y ganan las inmobiliarias de los bancos. Los Bancos Santander y BBVA está ya haciendo sus cálculos de compra. En definitiva, el número de empresas se reduce al concentrarse el capital en manos de un número menor de multinacionales. Los capitalistas se devoran unos a otros. China, India, Brasil, Arabia Saudí están esperando su oportunidad para tomar el relevo de EEUU, Europa y Japón. Al mismo tiempo, crece una masa cada vez más numerosa de proletarios, la clase media se reduce y pauperiza, va engrosando el número de parados, de hambrientos, de los expulsados por el sistema, “el ejército de obreros” que decía Bertolt Brecht
“El comerciante, campesino y artesano descienden al proletariado/, en parte porque su pequeña fortuna no basta para adquirir nuevas máquinas,/ o sea porque la devaluación devora sus pequeños ahorros,/y en parte porque los nuevos modos de fabricación no requieren ya su habilidad/. Todos se ven expulsados así de la oficina, el taller y el granero/y se convierten en reclutas, en el ejército de obreros” (Manifiesto comunista en verso).
Por tanto, si el objetivo final de las multinacionales consiste en despedir a los trabajadores en masa para hacer el mismo trabajo con menos personas, si además se bajan los salarios y ese ejército de parados no consume porque no tiene poder de compra ¿a quién van a venderles los capitalistas sus mercancías? La crisis capitalista consiste fundamentalmente, decía Marx, en una crisis de sobreproducción, sobreacumulación o sobrecapacidad que siempre lleva consigo una crisis de consumo. “La sociedad posee demasiada civilización, demasiados recursos, demasiada industria, demasiado comercio”, pero “la situación del obrero moderno lejos de mejorar conforme progresa la industria, decae y empeora por debajo del nivel de su propia clase. El obrero se depaupera y el pauperismo se desarrolla en proporciones mucho mayores que la población y la riqueza…Lo que prueba la incapacidad de la burguesía para gobernar, porque es incapaz de garantizar a sus esclavos la existencia ni aún dentro de su esclavitud…Por lo que a la par que avanza, se cava su fosa y cría sus propios enterradores” (Manifiesto)”.
6.- Medidas marxistas para solucionar la crisis
¿Ofrece Marx, además del diagnóstico certero del capitalismo, soluciones concretas a la presente crisis económico-financiera? Tanto Marx como Engels propusieron medidas concretas al capitalismo de su tiempo, algunas de las cuales pueden aplicarse a nuestra crisis actual. Actualizándolas podemos proponer este grupo de medidas.
1ª. Estado frente a mercado. El sistema capitalista tiene una ingente capacidad productiva, pero desordenada y ciega que el mercado no puede regular. La crisis actual manifiesta que no existe “la mano invisible” de A.Smith que lo regule el mercado. Por ello, se hace necesaria una planificación democrática del mismo, mediante la intervención del Estado, porque, como vemos, el Estado no es el problema, como decía Reagan, si no la solución. Para corregir el vicio original del capitalismo, es decir, que unos posean todos los medios de producción y otros sólo sus brazos o fuerza de trabajo, Marx y Engels propusieron la abolición de esta propiedad privada de los medios de producción, en beneficio de una propiedad social de estos medios en manos del Estado. Sin embargo, mientras tanto se alcanza esa meta, se proponen estas medidas concretas:a) Nacionalización del crédito total de la nación, tal como parcialmente se está llevando a cabo en EEUU, Inglaterra, Alemania, poniendo en práctica esta media marxista, tan contraria a los principios neoliberales capitalistas. Medida que se completa con la regulación de los mercados financieros privados, la imposición de la tasa Tobin para las transacciones financieras internacionales y la total Eliminación de todos los paraísos fiscales.b) Nacionalización de los transportes y de la energía.c) Una renta básica para los/as trabajadores/as. Hasta ahora lo que los Estados están haciendo es proteger a los bancos, nacionalizando las pérdidas. Es hora de mirar al pueblo. Si hay millones para inyectar liquidez, debe haberlo también para que todos/as tengan unas condiciones de vida digna. Por ello, se propone que los/as trabajadores/as que no lleguen a un límite de ingresos anuales (en España, por ej., los que están exentos de declarar el IRPF) reciban del Estado una renta básica anual que garantice esas condiciones. Según los autores se estima en unos 5.500 € anuales (Daniel Raventós). Renta básica que se recoge en algunos Estatutos de autonomía, como el andaluz, en su art. 23,2. Con esta gasto social, unido al aumento de los salarios, el consumo crecerá y con él la actividad empresarial.
2ª.- Intervención pública y ecológicamente sostenible de la economía. El hundimiento del sistema financiero, con la paralización del crédito por los bancos, a pesar de las enormes cantidades de liquidez inyectadas, demuestra que, en momentos de crisis, la iniciativa privada no funciona. Para disminuir el paro es necesario reactivar la economía y si la empresa privada no responde, será necesario que sea la inversión pública quien la dinamice, como está ocurriendo ya en EEUU y fue una de las medidas keynesianas propuestas para salir de la crisis de la II Guerra mundial. Esta inversión deberá será ecológicamente sostenible.a) Inversión pública en infraestructuras, especialmente en tecnología del agua y energías renovables. Inversión que puede concretarse en planes de fomento de energías renovables, reduciendo la dependencia del petroleo. Planes de vehículos ecológicos, planes de rehabilitación energética de edificios con energías renovables, que reduzcan el consumo energético. Plan de transportes públicos frente al coche privado, del ferrocarril frente al camión, ferrocarril también de cercanías y no sólo el AVE, etc.b) Inversión pública en enseñanza pública e investigación (I+D+i). Anulación de las subvenciones a la enseñanza privada. De este modo se preparará a nuevas generaciones para un trabajo de calidad y se aumentarán los puestos de trabajo en enseñanza.c) Inversiones en sanidad y salud pública, potenciando la atención especializada y hospitalaria, disminuyendo las listas de espera.d) Inversión en regulación financiera, en inspección de hacienda para eliminar el fraude fiscal, en inspección de trabajo para que las empresas cumplan con sus obligaciones contractuales y de seguridad, etc.
3ª.- Interés social de la economía por encima del beneficio privado. La mayor tasa de ganancia o beneficio es el fin de toda empresa capitalista. Marx propone dos medidas para que la tasa de ganancia no sea a expensas del trabajador/a. Primera, que por el salario se pague no sólo la fuerza de trabajo sino también todo el valor que crea el mismo trabajo y, en segundo lugar, que se elimine toda plusvalía (absoluta y relativa) o tasa de explotación del trabajador/a. Mientras se llega a ese ideal, proponemos:a) La desaparición de toda la legislación laboral contraria a los intereses de los trabajadores/as: contratación temporal, en prácticas, a tiempo parcial etc. Se vuelva a los contratos colectivos con personal fijo, tras un período de prueba, de 8 horas y 35 semanales, con descanso de un mes natural, con pagas de horas extras y nocturnas.b) Una subida del Sueldo mínimo interprofesional (SMIG) al doble de lo actual: 1250 €. Keynes decía que en época de deflación vale más mirar a las personas que a la masa monetaria, por ello ésta fue otra de sus medidas para salir de la crisis de la II Guerra mundial.c) Mayores exigencias para los despidos colectivos. Que las ERE sólo la permita el Estado, como garante de la legalidad, en casos de pérdidas económicas, por lo que debe modificarse la redacción de los arts. 51,1 & 5, 51,5 y 6 y 52, apartado c).d) Ampliación e incremento de la protección por desempleo, que el período de prestación cubra de uno a cuatro años, en vez de 3 meses a dos años. Y que se cobre el 100% durante el primer año y el 80% a partir del mismo.
4ª El derecho para todos a una vivienda digna.
No hay vivientes humanos sin vivienda, por ello nuestra Constitución dispone que: “Todos los españoles tienen derecho a disfrutar de una vivienda digna y adecuada. Los poderes públicos promoverán las condiciones necesarias y establecerán las normas pertinentes para hacer efectivo este derecho” (art.47). Para hacer efectivo este derecho se propone:a) Nacionalización del suelo urbano y adquisición de toda la reserva de suelo rústico urbanizable por la Administración Pública y del suelo urbano que incumpla las previsiones de los planes urbanísticos.b) Tendencia a la expropiación de la propiedad inmueble. Que toda nueva construcción de viviendas sea una concesión estatal, por 99 años, en el suelo público.c) Cese inmediato de la privatización del parque público de viviendas de todas las Administraciones Públicas (Estado, Comunidades Autónomas y Ayuntamientos).d) Orientar toda la actividad de promoción de vivienda de las Administraciones Públicas hacia la vivienda en alquiler y dedicar todo el gasto público en vivienda a dicho fin.e) Vivienda abandonada, vivienda ocupada. Despenalización por el Parlamento de la nación de la ocupación pacífica de viviendas deshabitadas (apartado 2 del artículo 245 del Código Penal).f) Expropiación de la facultad de uso, por tiempo de cinco años prorrogables, de las viviendas de propiedad privada que permanezcan desocupadas de manera habitual durante un año, para cederlas en arrendamiento con rentas equivalentes al 4% anual de su valor fiscal (2’5 veces su valor catastral) nunca superior al 20% de los ingresos del inquilino.g) Moratoria en el pago de las hipotecas cuando se produzca una situación legal de desempleo (o cierre del negocio por pérdidas en el caso de autónomos con cargas familiares) de algunos de los miembros de la unidad familiar, de suerte que la cuota hipotecaria a pagar no absorba más del 20 % de los ingresos familiares y mientras no varíe la situación familiar. Cuando ocurra, la parte impagada, se satisfacerá sin que nunca sobrepase el 20% de los ingresos de la unidad familiar.h) Aprobación de una reforma de la Ley de Arrendamientos urbanos, que reinstaure el sistema de prórroga forzosa anual de los contratos de arrendamiento de vivienda, a instancia del inquilino/a, tradicional en el derecho arrendaticio español, junto al derecho de subrogación de la pareja y de los hijos menores de treinta años.i) Mientras se aprueba esta reforma, las Administraciones públicas comprarán las viviendas, cuyos inquilinos sean amenazados de desahucio a instancias del arrendador, bien por imposibilidad probada del pago del arrendamiento o por finalización del mismo contrato, para volvérselas a arrendar a esos inquilinos.
En conclusión, la crisis financiera actual está sirviendo de viento fresco que limpiará el polvo acumulado sobre la figura de Marx y gracias a ella podremos volver a descubrir el alcance de su pensamiento, que nos señala la perversidad interna del capitalismo y , al mismo tiempo, el camino para superarlo.
Antonio Moreno de la FuenteCCP de Sevilla. Enero 2009
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Ante la crisis que sufrimos, todo el mundo se hace preguntas y busca respuestas ¿Cómo pudieron causar las hipotecas basura una crisis financiera mundial de tales dimensiones? ¿Cómo es posible que grandes bancos, aseguradoras y financieras hayan podido desplomarse como un castillo de naipes? Nadie tiene una respuesta convincente dentro del capitalismo, por ello se recurre a Marx que fue quien desentrañó la perversidad de los mecanismos internos del capitalismo y el primero en anunciar su fin tras una de sus numerosas y continuas crisis. Es verosímil que ese fin no esté aún a la vuelta de la esquina, pero sí es posible que el fracaso del sistema capitalista financiero, según lo han reconocido el presidente francés Sarkozy y el premio Nóbel de Economía Joseph Stitglitz, sea el principio de ese fin.
1.- El dios del beneficio
El meollo del sistema capitalista es la búsqueda de un beneficio continuo. En el mercado capitalista –dice Marx- las mercancías no tienen sólo el valor de uso por el que, mediante su intercambio, se satisfacen las necesidades humanas, sino que buscan, sobre todo, el valor de cambio que incluya siempre un aumento de valor, plusvalía o beneficio, convirtiéndose entonces en capital y a su poseedor en capitalista. Para él, es éste el principio voraz del sistema capitalista que le incita de continuo a cualquier forma de abuso, con tal de hacer valer el aspecto esencial del beneficio por encima de todo. “La fórmula general del capital, tal como se manifiesta en la circulación es, comprar para vender más caro” (El Capital, l. 1). Bellamente nos lo dice Beltolt Brecht en su “Manifiesto comunista en verso”:
“No está destinada la casa a ser habitada,Ni el paño a vestir, ni el pan está destinado sólo a ser comido:Debe aportar ganancias….Deben realizar más en la mesa de trabajoQue sólo alimentar, vestir y alojar al hombre y a los suyos,Si es que ha de haber beneficios…Y entonces lana y trigo, café y frutas y pescados y cerdos¡todo ello sacrificado en el fuego, para ablandar al dios del beneficio!
La codicia de la rentabilidad, del beneficio, expresado en dinero, es el ídolo absoluto de los capitalistas de ayer y de hoy. Lo hemos visto en el último escándalo financiero de Wall Street. Bernad L.Madoff, al igual que el banco de inversión Lehman Brothers, ofrecía a los inversores financieros beneficios del 12% anual, que sextuplicaban las ganancias de la Bolsa. Esta codicia y ansia de beneficios, altos y rápidos, cegó y trastocó la sensatez no sólo de los inversores privados sino también de respetables (¡!) bancos mundiales, del BNP Paris, del HBSC y Fortis y, en España, de los todopoderosos Santander, BBVA, Caja Madrid, La Caixa y de la empresaria Alicia Koplowitz (Publico, 21 de diciembre 2008).
Pero ¿de dónde procede este beneficio o ganancia capitalista? Y ¿por qué la condena Marx?
2.- El trabajo, mercancía escasa y depreciada hoy
La TVE nos mostró, los últimos días del pasado año, las imágenes de numerosos grupos de inmigrantes vagando, sin techo ni comida, por Jaén y Córdoba buscando trabajo en la recogida de la aceituna. Se podría decir que ninguna imagen mejor que ésta nos recuerda “el ejército de reserva de los capitalistas” de que hablaba Marx. Pero lo que esta imagen nos muestra, no es tanto el penoso deambular de los trabajadores/as buscando trabajo, sino la misma esencia del capitalismo: el que unos pocos poseen todos los medios de producción/financiación y otros muchos sólo su fuerza de trabajo que deben vender para subsistir. Sin embargo, en nuestra sociedad, poco importa esta condición de mercancía del trabajo que el empresario compra. Por cualquier precio se venderían los inmigrantes con tal de que les diesen un puesto de trabajo en la aceituna. Lo perverso del sistema aparece en que no tiene trabajo para ellos, porque con anterioridad, los tajos han sido ya ocupados por otros trabajadores, los de la construcción, que ante el derrumbe de la misma, no han tenido más remedio que volver a trabajos que anteriormente no querían. En nuestra sociedad el trabajo, en general, es un bien tan escaso, que cada vez cuesta más tenerlo. Y la línea divisoria está no sólo entre los que tienen trabajo o están parados, sino también entre los que gozan de un contrato fijo o sólo eventual y precario. El trabajo se ha precarizado hoy tanto que sólo se utiliza para el momento que se necesita: unos meses, unas semanas, los lunes o unas horas al día. Trabajadores justo a tiempo (just in time workers, que dicen los ingleses). En España, en 2007, más del 45 % de los trabajadores entre los 25 y 30 años tienen un contrato temporal, el doble que la media europea. El trabajo como una mercancía que denunciaba Marx en su tiempo vale cada vez menos, se de-precia y des-precia hoy cada vez más. ¿Por qué? Lo describe Carlos Fuentes en su novela Todas las familias felices: El patrón, Leonardo Barroso, decía: “Mira, Abel. Aquí no hay trabajadores imprescindibles. Con las tecnologías modernas la producción crece y el trabajador decrece”. Se calcula que, en España a principios del año 2009, se llegará a 3 millones de parados, al 13 % de los ocupados.
3.- La tasa de explotación y la tasa de ganancia
Los trabajadores que tienen la suerte de ocupar un puesto de trabajo, se verán más explotados todavía en el mismo trabajo. El miedo a perderlo les hará pasar por no cobrar todo el salario pactado o cobrarlo con retraso, a soportar la prolongación de la jornada y trabajar más horas sin cobrarlas, o a trabajar a un ritmo más intenso por los controles de tiempo o el aumento del rendimiento por la incorporación de maquinaria más perfecta etc. Pues bien, esa explotación del trabajador/a en el puesto de trabajo Marx ya la analizó, describiéndola como plusvalía o tasa de explotación. La plusvalía es el tiempo de trabajo suplementario que el obrero realiza para reproducir su fuerza de trabajo o ganar su salario. Plusvalía absoluta llama Marx a la que el empresario obtiene aumentando la jornada de trabajo o su ritmo y relativa, cuando introduce nueva maquinaria, o elimina los tiempos muertos o movimientos superfluos, mejorando el alumbrado etc. Mediante esas medidas el trabajador produce más con el mismo desgaste de energía. Esta plusvalía es la característica propia de la explotación capitalista. Y ella es la fuente de la ganancia o beneficio del empresario capitalista, no la el intercambio o venta de las mercancías a un precio mayor.
Marx descubre, además, otra fuente de ganancia y beneficio capitalista, que denomina tasa de ganancia. Esta proviene de la inversión de la plusvalía y de la parte de los salarios detraídos o no pagados en la modernización constante de la maquinaria y en tecnología. Con ello aumenta su capital fijo y, por tanto, la productividad de sus trabajadores, fabricando más productos a menor precio. Cuando el Presidente de la CEOE, Gerardo Díaz, dice que hay que aumentar la productividad, a eso se refiere, a aumentar la tasa de ganancia. La búsqueda del incremento de esta tasa de ganancia a costa del trabajador/a es el motor de todas las empresas y de toda la economía capitalista. Toda empresa se ve empujada por la competencia de los otros empresarios a obtener mayores beneficios o mayor tasa de ganancia, invirtiendo en maquinaria y tecnología o capital fijo. Por ello la producción crecerá y el trabajador/a decrecerá, como decía el patrón Leonardo Barroso.
4.- El talón de Aquiles de de la economía capitalista
Marx demuestra que ahí precisamente radica el talón de Aquiles de la economía capitalista. Porque si el aumento de la tasa de ganancia se basa en el crecimiento del capital fijo (gastos en maquinaria, organización, energía, edificios) y la consiguiente sustitución del trabajador, que crea la plusvalía, por las máquinas, esto irremediablemente provocará la caída de la tasa de ganancia, ya que ésta se compone del capital constante, más la plusvalía y los salarios. Este capitalista se quedará detrás de la competencia, porque aunque prescinde de los costes salariales, se priva también de la plusvalía y aumenta sus costes de producción en maquinaria y tecnología, por lo que ganará menos, hasta llegar un día en que no ganará nada, viéndose obligado a despedir a los trabajadores o cerrar su empresa. La competencia, la tasa de ganancia y los despidos van juntos.
Esto es lo que está ocurriendo en la crisis presente. Los casos claros del cierre de Holcim en Torredonjimeno o Cerámica Bellavista en Sevilla; las ERE de Nissan, Opel, Renault, Spanair, Frigo, UPS en Vallecas etc., etc., no significan otra cosa. Ven reducida la tasa de ganancia a menos de lo esperado y la quieren aumentar allí donde la mano de obra es más barata, es decir, se van a países donde la tasa de explotación del trabajador y la tasa de ganancia es más alta y más fácil, bien sea porque la jornada de trabajo es mayor o más intensa o porque pagan salarios inferiores etc. No les importa el empobrecimiento de las/os trabajadoras/es y del pueblo, el crecimiento del paro, el hambre, las enfermedades, la desesperación etc., que es el único rastro que van dejando por donde pasan.
5.- Concentración del capital, aumento de los empobrecidos
Sin embargo, unas empresas caen y otras, triunfantes, van aumentando su capital. La crisis para ellas es su oportunidad de crecimiento. Así ha ocurrido en EEUU y Europa. Desaparecieron los grandes bancos de inversión: Lehman Brothers, Merril Lynch, la aseguradoras hipotecarias AIG, Fannie Mae y Freddie Mac, el financiero Bernard Madoff etc., han crecido, en cambio, el Bank of America y Citygroup. En Europa el banco belga Fortis es engullido por BNP Paribas, el Commerzerbank de Alemania es parcialmente nacionalizado. En España han caído las grandes empresas inmobiliarias: Acroc, Colonial, Metrovacesa, Martin-Fadesa, Habitat, y ganan las inmobiliarias de los bancos. Los Bancos Santander y BBVA está ya haciendo sus cálculos de compra. En definitiva, el número de empresas se reduce al concentrarse el capital en manos de un número menor de multinacionales. Los capitalistas se devoran unos a otros. China, India, Brasil, Arabia Saudí están esperando su oportunidad para tomar el relevo de EEUU, Europa y Japón. Al mismo tiempo, crece una masa cada vez más numerosa de proletarios, la clase media se reduce y pauperiza, va engrosando el número de parados, de hambrientos, de los expulsados por el sistema, “el ejército de obreros” que decía Bertolt Brecht
“El comerciante, campesino y artesano descienden al proletariado/, en parte porque su pequeña fortuna no basta para adquirir nuevas máquinas,/ o sea porque la devaluación devora sus pequeños ahorros,/y en parte porque los nuevos modos de fabricación no requieren ya su habilidad/. Todos se ven expulsados así de la oficina, el taller y el granero/y se convierten en reclutas, en el ejército de obreros” (Manifiesto comunista en verso).
Por tanto, si el objetivo final de las multinacionales consiste en despedir a los trabajadores en masa para hacer el mismo trabajo con menos personas, si además se bajan los salarios y ese ejército de parados no consume porque no tiene poder de compra ¿a quién van a venderles los capitalistas sus mercancías? La crisis capitalista consiste fundamentalmente, decía Marx, en una crisis de sobreproducción, sobreacumulación o sobrecapacidad que siempre lleva consigo una crisis de consumo. “La sociedad posee demasiada civilización, demasiados recursos, demasiada industria, demasiado comercio”, pero “la situación del obrero moderno lejos de mejorar conforme progresa la industria, decae y empeora por debajo del nivel de su propia clase. El obrero se depaupera y el pauperismo se desarrolla en proporciones mucho mayores que la población y la riqueza…Lo que prueba la incapacidad de la burguesía para gobernar, porque es incapaz de garantizar a sus esclavos la existencia ni aún dentro de su esclavitud…Por lo que a la par que avanza, se cava su fosa y cría sus propios enterradores” (Manifiesto)”.
6.- Medidas marxistas para solucionar la crisis
¿Ofrece Marx, además del diagnóstico certero del capitalismo, soluciones concretas a la presente crisis económico-financiera? Tanto Marx como Engels propusieron medidas concretas al capitalismo de su tiempo, algunas de las cuales pueden aplicarse a nuestra crisis actual. Actualizándolas podemos proponer este grupo de medidas.
1ª. Estado frente a mercado. El sistema capitalista tiene una ingente capacidad productiva, pero desordenada y ciega que el mercado no puede regular. La crisis actual manifiesta que no existe “la mano invisible” de A.Smith que lo regule el mercado. Por ello, se hace necesaria una planificación democrática del mismo, mediante la intervención del Estado, porque, como vemos, el Estado no es el problema, como decía Reagan, si no la solución. Para corregir el vicio original del capitalismo, es decir, que unos posean todos los medios de producción y otros sólo sus brazos o fuerza de trabajo, Marx y Engels propusieron la abolición de esta propiedad privada de los medios de producción, en beneficio de una propiedad social de estos medios en manos del Estado. Sin embargo, mientras tanto se alcanza esa meta, se proponen estas medidas concretas:a) Nacionalización del crédito total de la nación, tal como parcialmente se está llevando a cabo en EEUU, Inglaterra, Alemania, poniendo en práctica esta media marxista, tan contraria a los principios neoliberales capitalistas. Medida que se completa con la regulación de los mercados financieros privados, la imposición de la tasa Tobin para las transacciones financieras internacionales y la total Eliminación de todos los paraísos fiscales.b) Nacionalización de los transportes y de la energía.c) Una renta básica para los/as trabajadores/as. Hasta ahora lo que los Estados están haciendo es proteger a los bancos, nacionalizando las pérdidas. Es hora de mirar al pueblo. Si hay millones para inyectar liquidez, debe haberlo también para que todos/as tengan unas condiciones de vida digna. Por ello, se propone que los/as trabajadores/as que no lleguen a un límite de ingresos anuales (en España, por ej., los que están exentos de declarar el IRPF) reciban del Estado una renta básica anual que garantice esas condiciones. Según los autores se estima en unos 5.500 € anuales (Daniel Raventós). Renta básica que se recoge en algunos Estatutos de autonomía, como el andaluz, en su art. 23,2. Con esta gasto social, unido al aumento de los salarios, el consumo crecerá y con él la actividad empresarial.
2ª.- Intervención pública y ecológicamente sostenible de la economía. El hundimiento del sistema financiero, con la paralización del crédito por los bancos, a pesar de las enormes cantidades de liquidez inyectadas, demuestra que, en momentos de crisis, la iniciativa privada no funciona. Para disminuir el paro es necesario reactivar la economía y si la empresa privada no responde, será necesario que sea la inversión pública quien la dinamice, como está ocurriendo ya en EEUU y fue una de las medidas keynesianas propuestas para salir de la crisis de la II Guerra mundial. Esta inversión deberá será ecológicamente sostenible.a) Inversión pública en infraestructuras, especialmente en tecnología del agua y energías renovables. Inversión que puede concretarse en planes de fomento de energías renovables, reduciendo la dependencia del petroleo. Planes de vehículos ecológicos, planes de rehabilitación energética de edificios con energías renovables, que reduzcan el consumo energético. Plan de transportes públicos frente al coche privado, del ferrocarril frente al camión, ferrocarril también de cercanías y no sólo el AVE, etc.b) Inversión pública en enseñanza pública e investigación (I+D+i). Anulación de las subvenciones a la enseñanza privada. De este modo se preparará a nuevas generaciones para un trabajo de calidad y se aumentarán los puestos de trabajo en enseñanza.c) Inversiones en sanidad y salud pública, potenciando la atención especializada y hospitalaria, disminuyendo las listas de espera.d) Inversión en regulación financiera, en inspección de hacienda para eliminar el fraude fiscal, en inspección de trabajo para que las empresas cumplan con sus obligaciones contractuales y de seguridad, etc.
3ª.- Interés social de la economía por encima del beneficio privado. La mayor tasa de ganancia o beneficio es el fin de toda empresa capitalista. Marx propone dos medidas para que la tasa de ganancia no sea a expensas del trabajador/a. Primera, que por el salario se pague no sólo la fuerza de trabajo sino también todo el valor que crea el mismo trabajo y, en segundo lugar, que se elimine toda plusvalía (absoluta y relativa) o tasa de explotación del trabajador/a. Mientras se llega a ese ideal, proponemos:a) La desaparición de toda la legislación laboral contraria a los intereses de los trabajadores/as: contratación temporal, en prácticas, a tiempo parcial etc. Se vuelva a los contratos colectivos con personal fijo, tras un período de prueba, de 8 horas y 35 semanales, con descanso de un mes natural, con pagas de horas extras y nocturnas.b) Una subida del Sueldo mínimo interprofesional (SMIG) al doble de lo actual: 1250 €. Keynes decía que en época de deflación vale más mirar a las personas que a la masa monetaria, por ello ésta fue otra de sus medidas para salir de la crisis de la II Guerra mundial.c) Mayores exigencias para los despidos colectivos. Que las ERE sólo la permita el Estado, como garante de la legalidad, en casos de pérdidas económicas, por lo que debe modificarse la redacción de los arts. 51,1 & 5, 51,5 y 6 y 52, apartado c).d) Ampliación e incremento de la protección por desempleo, que el período de prestación cubra de uno a cuatro años, en vez de 3 meses a dos años. Y que se cobre el 100% durante el primer año y el 80% a partir del mismo.
4ª El derecho para todos a una vivienda digna.
No hay vivientes humanos sin vivienda, por ello nuestra Constitución dispone que: “Todos los españoles tienen derecho a disfrutar de una vivienda digna y adecuada. Los poderes públicos promoverán las condiciones necesarias y establecerán las normas pertinentes para hacer efectivo este derecho” (art.47). Para hacer efectivo este derecho se propone:a) Nacionalización del suelo urbano y adquisición de toda la reserva de suelo rústico urbanizable por la Administración Pública y del suelo urbano que incumpla las previsiones de los planes urbanísticos.b) Tendencia a la expropiación de la propiedad inmueble. Que toda nueva construcción de viviendas sea una concesión estatal, por 99 años, en el suelo público.c) Cese inmediato de la privatización del parque público de viviendas de todas las Administraciones Públicas (Estado, Comunidades Autónomas y Ayuntamientos).d) Orientar toda la actividad de promoción de vivienda de las Administraciones Públicas hacia la vivienda en alquiler y dedicar todo el gasto público en vivienda a dicho fin.e) Vivienda abandonada, vivienda ocupada. Despenalización por el Parlamento de la nación de la ocupación pacífica de viviendas deshabitadas (apartado 2 del artículo 245 del Código Penal).f) Expropiación de la facultad de uso, por tiempo de cinco años prorrogables, de las viviendas de propiedad privada que permanezcan desocupadas de manera habitual durante un año, para cederlas en arrendamiento con rentas equivalentes al 4% anual de su valor fiscal (2’5 veces su valor catastral) nunca superior al 20% de los ingresos del inquilino.g) Moratoria en el pago de las hipotecas cuando se produzca una situación legal de desempleo (o cierre del negocio por pérdidas en el caso de autónomos con cargas familiares) de algunos de los miembros de la unidad familiar, de suerte que la cuota hipotecaria a pagar no absorba más del 20 % de los ingresos familiares y mientras no varíe la situación familiar. Cuando ocurra, la parte impagada, se satisfacerá sin que nunca sobrepase el 20% de los ingresos de la unidad familiar.h) Aprobación de una reforma de la Ley de Arrendamientos urbanos, que reinstaure el sistema de prórroga forzosa anual de los contratos de arrendamiento de vivienda, a instancia del inquilino/a, tradicional en el derecho arrendaticio español, junto al derecho de subrogación de la pareja y de los hijos menores de treinta años.i) Mientras se aprueba esta reforma, las Administraciones públicas comprarán las viviendas, cuyos inquilinos sean amenazados de desahucio a instancias del arrendador, bien por imposibilidad probada del pago del arrendamiento o por finalización del mismo contrato, para volvérselas a arrendar a esos inquilinos.
En conclusión, la crisis financiera actual está sirviendo de viento fresco que limpiará el polvo acumulado sobre la figura de Marx y gracias a ella podremos volver a descubrir el alcance de su pensamiento, que nos señala la perversidad interna del capitalismo y , al mismo tiempo, el camino para superarlo.
Antonio Moreno de la FuenteCCP de Sevilla. Enero 2009
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sábado, 14 de febrero de 2009
BANCOS CENTRALES
Pura ideología
Juan Torres López
El Plural
Si en estos momentos de debacle económica hay quienes deberían callar con más justificación que nadie son, sin duda, los bancos centrales.
Con todo el poder en sus manos no han sido capaces de evitar el desastre. Con los que se jactan de ser los mejores equipos de estudios económicos a su servicio ni de lejos adivinaron lo que se nos venía encima. Habiendo adquirido la independencia a costa de provocar una quiebra histórica en los principios del estado democrático moderno, no han sabido utilizarla sino para ser cómplices de los que han provocado una crisis que terminará seguramente por alcanzar una magnitud sin precedentes. A la vista está, como en Estados Unidos, su corresponsabilidad en la gestión de la crisis.
El caso de los bancos centrales de nuestros días es verdaderamente sorprendente: se trata de instituciones a las que se les da cada vez más poder a pesar de que no aciertan en sus pronósticos; a pesar de que no son eficaces a la hora de lograr sus objetivos (ni siquiera en el de la lucha contra la inflación cuando han sido independientes, como ha sido demostrado); a pesar de que han sido concausantes o corresponsables de las crisis más severas que se han conocido en la historia económica; a pesar de que predican una cosa y constantemente hacen lo contrario (como cuando reclaman mercados libres y favorecen la concentración y los privilegios de los banqueros y los financieros). Se les concede un estatuto de tecnócratas apolíticos cuando es una evidencia clamorosa que sus decisiones tienen efectos inmediatos sobre la distribución de la renta y la riqueza y que a quien atienden con preferencia y a quienes favorecen directamente es siempre a los más ricos. Y se les da un reconocimiento teórico singular a pesar de que sus principios esenciales no solo carecen del respaldo empírico básico que es consustancial a las ideas científicas sino que son constantemente puestos en cuestión por la tozuda realidad de los hechos. Basta ir hacia atrás y comprobar hasta qué punto trabajan habitualmente con predicciones completamente erradas.
Los bancos centrales se han convertido en instituciones al servicio del status quo financiero recurriendo para ello a una retórica manida, a la prédica constante del rosario de prejuicios liberales que no tienen otro efecto que producir un reparto cada vez más injusto de la renta. Basta ver dónde terminan sus gobernadores y dirigentes cuando terminan sus mandatos.
Sea cual sea la coyuntura, sea cual sea la situación económica, bien que crezca la actividad económica, bien que se reduzca, no habrá consignas de los bancos centrales que no sean las de reducir salarios, dejar que los más poderosos tengan cada vez más libertad en los mercados, reducir el gasto público, privatizar al máximo, aliviar la carga fiscal de los más ricos, reducir los gastos sociales, eliminar al máximo la protección de los trabajadores... ¡siempre lo mismo!
Los bancos centrales han conducido el vehículo de la economía que les ha correspondido sin espejo retrovisor, con una sola marcha, sin ser conscientes de los demás que circulaban a su alrededor, y lo que es peor, mirando siempre en la misma dirección con independencia de cuál era el camino y los vericuetos por donde iban transitando. Así hasta que nos han estrellado a todos y sin que hasta el último momento hayan sido capaces de detectar el más mínimo peligro, como si nada hubiera estado pasando.
Ahora vuelven con lo mismo. Como siempre, sea lo que sea que esté ocurriendo.
Aquí, como en otros sitios, una vez más el gobernador del Banco de España sale con lo de siempre. En román paladino, que hay echar aún más carga sobre los trabajadores.
Un Premio Nobel de Economía que no es nada sospechoso de izquierdismo, Robert Solow, decía días atrás que lo que España necesita no es flexibilizar los mercados laborales sino tecnología. ¡Es evidente!... salvo para el banco de España.
Sus sesudos y bien pagados economistas no pueden concluir otra cosa que no sea la de abaratar los costes del trabajo, la estrategia de competir como pobres y empobreciéndonos. Que es la situación a la que nos ha llevado, precisamente, la política que están logrando imponer desde hace años, para regusto de los grandes capitales que en España vienen haciendo el agosto sin que al Banco de España se le ocurra pensar que se genera así un modelo que es materialmente insostenible a medio plazo, si no incluso a corto.
Los bancos centrales se han convertido en instituciones empoderadas en el error, en un error que cuesta mucho sufrimiento social y grandes pérdidas económicas.
En lugar de dejarles pontificar libremente sin que nadie pueda osar criticarlos, los bancos centrales deberían empezar a estar sometidos a mucho mayor control. Empezando, por ejemplo, por la publicidad de sus actas y terminando por ponerlos al servicio de las políticas definidas democráticamente y no de las que solo responden a las preferencias de los privilegiados que pueden influir en sus responsables. Y continuando incluso por el establecimiento de garantías para que sus gabinetes de estudio no sean simples manifestaciones del sectarismo ideológico, como sabe perfectamente que ocurre cualquiera que conozca sus entresijos; sencillamente, para que dentro de ellos hubiera pluralidad de pensamiento y responsabilidad ante el desacierto constante.
Antes de querer seguir siendo los brujos de la aldea, lo primero que tendrían que hacer los responsables de los bancos centrales es analizar críticamente lo que han venido diciendo hasta ahora y reconocer que sus teorías han fallado, que sus principios han resultado falsos y equivocados y que nada de lo que han venido diciendo que había que hacer y que se ha hecho ha logrado los objetivos que se decía perseguir.
¿Donde está la estabilidad de los mercados, dónde el crecimiento sostenido, dónde las virtudes de lo privado y la inutilidad de los público?
La patética e impotente intervención masiva de los bancos centrales solo para echarle una mano más a quienes han desatado la crisis, poniendo a disposición de los bancos los recursos billonarios que en mucha menor cantidad han tratado siempre de evitar que se dirijan a proyectos y políticas sociales, ha sido la última puesta en escena de su perversa y lamentable trayectoria política e ideológica.
Los bancos centrales asustan. Pueden hacerlo. Disponen de mucho poder, del suyo propio y del que le prestan los que se benefician de los prejuicios ideológicos que logran que se pongan en práctica. Por eso hablan como hablan. Por eso pueden permitirse aparecer como si estuvieran por encima del bien y del mal, como técnicos asépticos a quien nadie puede llevar la contraria.
Frente a ellos, los gobiernos tienen la legitimidad del voto y no deberían renunciar a poner en marcha las políticas que prefieran las mayorías que los mantienen. Cuando se doblegan ante los santones de la religión liberal, como ha ocurrido tantas veces, perdemos todos.
Juan Torres López es catedrático de Economía Aplicada (Universidad de Sevilla). Su página web: http://www.juantorreslopez.com
Juan Torres López
El Plural
Si en estos momentos de debacle económica hay quienes deberían callar con más justificación que nadie son, sin duda, los bancos centrales.
Con todo el poder en sus manos no han sido capaces de evitar el desastre. Con los que se jactan de ser los mejores equipos de estudios económicos a su servicio ni de lejos adivinaron lo que se nos venía encima. Habiendo adquirido la independencia a costa de provocar una quiebra histórica en los principios del estado democrático moderno, no han sabido utilizarla sino para ser cómplices de los que han provocado una crisis que terminará seguramente por alcanzar una magnitud sin precedentes. A la vista está, como en Estados Unidos, su corresponsabilidad en la gestión de la crisis.
El caso de los bancos centrales de nuestros días es verdaderamente sorprendente: se trata de instituciones a las que se les da cada vez más poder a pesar de que no aciertan en sus pronósticos; a pesar de que no son eficaces a la hora de lograr sus objetivos (ni siquiera en el de la lucha contra la inflación cuando han sido independientes, como ha sido demostrado); a pesar de que han sido concausantes o corresponsables de las crisis más severas que se han conocido en la historia económica; a pesar de que predican una cosa y constantemente hacen lo contrario (como cuando reclaman mercados libres y favorecen la concentración y los privilegios de los banqueros y los financieros). Se les concede un estatuto de tecnócratas apolíticos cuando es una evidencia clamorosa que sus decisiones tienen efectos inmediatos sobre la distribución de la renta y la riqueza y que a quien atienden con preferencia y a quienes favorecen directamente es siempre a los más ricos. Y se les da un reconocimiento teórico singular a pesar de que sus principios esenciales no solo carecen del respaldo empírico básico que es consustancial a las ideas científicas sino que son constantemente puestos en cuestión por la tozuda realidad de los hechos. Basta ir hacia atrás y comprobar hasta qué punto trabajan habitualmente con predicciones completamente erradas.
Los bancos centrales se han convertido en instituciones al servicio del status quo financiero recurriendo para ello a una retórica manida, a la prédica constante del rosario de prejuicios liberales que no tienen otro efecto que producir un reparto cada vez más injusto de la renta. Basta ver dónde terminan sus gobernadores y dirigentes cuando terminan sus mandatos.
Sea cual sea la coyuntura, sea cual sea la situación económica, bien que crezca la actividad económica, bien que se reduzca, no habrá consignas de los bancos centrales que no sean las de reducir salarios, dejar que los más poderosos tengan cada vez más libertad en los mercados, reducir el gasto público, privatizar al máximo, aliviar la carga fiscal de los más ricos, reducir los gastos sociales, eliminar al máximo la protección de los trabajadores... ¡siempre lo mismo!
Los bancos centrales han conducido el vehículo de la economía que les ha correspondido sin espejo retrovisor, con una sola marcha, sin ser conscientes de los demás que circulaban a su alrededor, y lo que es peor, mirando siempre en la misma dirección con independencia de cuál era el camino y los vericuetos por donde iban transitando. Así hasta que nos han estrellado a todos y sin que hasta el último momento hayan sido capaces de detectar el más mínimo peligro, como si nada hubiera estado pasando.
Ahora vuelven con lo mismo. Como siempre, sea lo que sea que esté ocurriendo.
Aquí, como en otros sitios, una vez más el gobernador del Banco de España sale con lo de siempre. En román paladino, que hay echar aún más carga sobre los trabajadores.
Un Premio Nobel de Economía que no es nada sospechoso de izquierdismo, Robert Solow, decía días atrás que lo que España necesita no es flexibilizar los mercados laborales sino tecnología. ¡Es evidente!... salvo para el banco de España.
Sus sesudos y bien pagados economistas no pueden concluir otra cosa que no sea la de abaratar los costes del trabajo, la estrategia de competir como pobres y empobreciéndonos. Que es la situación a la que nos ha llevado, precisamente, la política que están logrando imponer desde hace años, para regusto de los grandes capitales que en España vienen haciendo el agosto sin que al Banco de España se le ocurra pensar que se genera así un modelo que es materialmente insostenible a medio plazo, si no incluso a corto.
Los bancos centrales se han convertido en instituciones empoderadas en el error, en un error que cuesta mucho sufrimiento social y grandes pérdidas económicas.
En lugar de dejarles pontificar libremente sin que nadie pueda osar criticarlos, los bancos centrales deberían empezar a estar sometidos a mucho mayor control. Empezando, por ejemplo, por la publicidad de sus actas y terminando por ponerlos al servicio de las políticas definidas democráticamente y no de las que solo responden a las preferencias de los privilegiados que pueden influir en sus responsables. Y continuando incluso por el establecimiento de garantías para que sus gabinetes de estudio no sean simples manifestaciones del sectarismo ideológico, como sabe perfectamente que ocurre cualquiera que conozca sus entresijos; sencillamente, para que dentro de ellos hubiera pluralidad de pensamiento y responsabilidad ante el desacierto constante.
Antes de querer seguir siendo los brujos de la aldea, lo primero que tendrían que hacer los responsables de los bancos centrales es analizar críticamente lo que han venido diciendo hasta ahora y reconocer que sus teorías han fallado, que sus principios han resultado falsos y equivocados y que nada de lo que han venido diciendo que había que hacer y que se ha hecho ha logrado los objetivos que se decía perseguir.
¿Donde está la estabilidad de los mercados, dónde el crecimiento sostenido, dónde las virtudes de lo privado y la inutilidad de los público?
La patética e impotente intervención masiva de los bancos centrales solo para echarle una mano más a quienes han desatado la crisis, poniendo a disposición de los bancos los recursos billonarios que en mucha menor cantidad han tratado siempre de evitar que se dirijan a proyectos y políticas sociales, ha sido la última puesta en escena de su perversa y lamentable trayectoria política e ideológica.
Los bancos centrales asustan. Pueden hacerlo. Disponen de mucho poder, del suyo propio y del que le prestan los que se benefician de los prejuicios ideológicos que logran que se pongan en práctica. Por eso hablan como hablan. Por eso pueden permitirse aparecer como si estuvieran por encima del bien y del mal, como técnicos asépticos a quien nadie puede llevar la contraria.
Frente a ellos, los gobiernos tienen la legitimidad del voto y no deberían renunciar a poner en marcha las políticas que prefieran las mayorías que los mantienen. Cuando se doblegan ante los santones de la religión liberal, como ha ocurrido tantas veces, perdemos todos.
Juan Torres López es catedrático de Economía Aplicada (Universidad de Sevilla). Su página web: http://www.juantorreslopez.com
sábado, 3 de enero de 2009
Por qué el desempleo es mayor en la Unión Europea que en EE.UU.
Vicenç Navarro
Si usted lee las revistas económicas o las páginas económicas de la prensa diaria de los países de la Unión Europea (UE.), incluyendo las de España, verá gran número de artículos de economistas liberales que atribuyen el elevado desempleo en la mayoría de países de la UE a una supuesta “rigidez” de los mercados laborales europeos y a lo que consideran ser una “excesiva” generosidad de la protección social en aquellos países. Lo que hay que hacer para disminuir tan elevado desempleo es, según tales autores, seguir el “modelo liberal” de EE.UU., es decir, desregular los mercados de trabajo (disminuyendo los costes del despido del trabajador, entre otras medidas desreguladoras) y reducir la protección social, tal como hace EE.UU., donde el gasto público social (18% del PIB) es mucho más bajo que el promedio de los países de la Unión Europea de los Quince (28%). La desregulación de los mercados de trabajo y la escasa protección social existentes en EE.UU. es la causa –según tales economistas liberales- de que el desempleo en EE.UU. sea menor que el existente en el promedio de los países de la UE-15. El problema que tal explicación tiene es que los datos no lo confirman. Ello no es obstáculo, sin embargo, para que tal interpretación de las causas del desempleo en la UE-15, incluyendo España, haya adquirido la categoría de dogma en los círculos económicos y financieros europeos (incluyendo los españoles). Y como todos los dogmas, se reproduce a base de fe, en lugar de evidencia empírica. Veamos los datos. El primer dato, de carácter aclaratorio, es que el Estado de EE.UU. no es un estado liberal. Hablar de “modelo liberal” cuando se habla del gobierno federal de EE.UU. es mostrar un profundo desconocimiento de tal estado. El estado federal estadounidense es profundamente intervencionista en las áreas económicas, teniendo un comportamiento típicamente keynesiano. Y ello ha sido así desde tiempos del Presidente Roosevelt, cuando éste estableció el New Deal como manera de resolver la Primera Gran Depresión Mundial a principios del siglo XX. El New Deal fue la intervención federal que se basó en un gran crecimiento del gasto público como manera de aumentar la demanda de productos y servicios por parte de la población –y muy en particular de las clases populares- a fin de estimular el crecimiento económico (el gasto público en el New Deal alcanzó un 56% del PIB). Tal estímulo fue facilitado por el establecimiento del Banco Central Estadounidense (el Federal Reserve Board) que siempre tuvo como objetivo el estimular el crecimiento económico y la creación de empleo a partir de garantizar intereses bancarios bajos, fácilmente accesibles a las empresas y a las personas. Es más, el aumento del gasto público se hizo, en parte, a base de aumentar el déficit del presupuesto del estado, permitiendo un incremento de la deuda del estado. Y el New Deal inició otra práctica keynesiana, la intervención de apoyo a las empresas incluyendo medidas altamente proteccionistas.Estos componentes keynesianos han estado presentes en todas las políticas públicas de todos los gobiernos federales tanto republicanos como demócratas. Franklin Roosevelt y Harry Truman aumentaron el gasto público permitiendo un elevado déficit del estado federal, con el consiguiente crecimiento de la deuda pública. Más tarde, el Presidente Eisenhower combatió la recesión a base de establecer el Programa Federal de Carreteras, el Federal Aid Highway Act, que construyó la red de carreteras federales existentes en EE.UU., red que se construyó, en parte, a base de aumentar el déficit público hasta un 6% del PIB.Un tanto semejante ocurrió con el Presidente Nixon, que explícitamente se definió como keynesiano. E incluso el mal llamado padre de la revolución liberal, el Presidente Reagan, aumentó el gasto público significativamente (primordialmente en la industria militar), aumentando los impuestos (no sólo una, sino dos veces), siendo el Presidente que los aumentó más en tiempos de paz en los últimos cincuenta años. Disminuyó los impuestos del diez por ciento de renta superior del país, pero los aumentó para la mayoría de la población. Y financió el aumento del gasto público también a través del incremento del déficit público que alcanzó un 6% del PIB. Tal como indicó su Ministro de Defensa, el gobierno federal tenía la política industrial más avanzada del mundo capitalista, lo cual realizaba a través del gasto público militar. Un tanto semejante ocurrió con los presidentes republicanos Bush padre y Bush hijo, cuando el déficit federal alcanzó (en ambas administraciones) niveles superiores al 6% del PIB. Durante todos estos años las ayudas públicas a las empresas y al mantenimiento de la infraestructura del país alcanzaron un 7,1% del PIB, el porcentaje mayor en la OECD. Y hoy estamos viendo como el Presidente electo Obama está proponiendo (resultado de una enorme presión popular) como medida de resolver la enorme recesión un enorme incremento del gasto público federal (de hasta 800.000 millones de dólares), gasto que tendrá lugar no en las áreas militares, sino en infraestructuras de transporte y en servicios públicos como sanidad y escuelas públicas, así como en empresas de carácter ecológico, financiándose tal aumento con impuestos sobre los sectores más pudientes de la sociedad y con un incremento del déficit del estado que alcanzará más de un 7% del PIB. Por lo general, el keynesianismo estadounidense ha sido más militar que social. Es decir, el gasto público social se ha invertido en las industrias militares, pero el sentir popular antimilitar está forzando un cambio de las inversiones hacia las empresas sociales y ecológicas.Es este aumento del gasto público en inversiones en tiempos de recesión, permitiendo un elevado déficit, lo que ha permitido a EE.UU. tener un desempleo relativamente bajo a lo largo de su historia en el siglo XX. Ahora bien, estas políticas keynesianas contrastan con las políticas liberales de la Unión Europea que a través del Pacto de Estabilidad limita el gasto público, no permitiendo un déficit del Estado por encima del 3% del PIB, y que (junto con la política de disminuir los impuestos) ha forzado una reducción del gasto público. Esta reducción de gasto y la política del Banco Central Europeo de mantener unos intereses bancarios altos, son la causa del bajo crecimiento económico y alto desempleo en la UE-15. Esta es la razón de que la UE tenga un desempleo mayor que EE.UU. Y la mejor prueba de ello es que los países miembros de la UE-15, que durante el periodo 1950-1980 habían tenido un desempleo menor que EE.UU., pasaron a tener un desempleo mayor a partir del establecimiento del Pacto de Estabilidad y de la creación del Banco Central Europeo. El hecho de que EE.UU. no haya seguido las políticas liberales de la UE (a EE.UU. no se le hubiera permitido entrar en la UE) es la causa de que su desempleo sea menor.El mantenimiento del liberalismo en la estructura institucional de la UE es la causa de que el desempleo aumentará mucho más en la UE durante la crisis actual que en EE.UU. Conociendo la fortaleza del dogma liberal de la UE en los medios económicos y financieros europeos (y españoles), puedo predecir que el Consejo de la UE, la Comisión Europea y el Banco Central Europeo continuarán diciendo que hay que desregular el mercado de trabajo y reducir la protección social para disminuir el desempleo, intervenciones que empeorarán en lugar de mejorar la situación actual. Lo que se requiere es un cambio muy sustancial de las prácticas liberales institucionalizadas en la Comisión Europea y en el Banco Central Europeo, para recuperar las prácticas que abandonaron cuando se estableció la Unión Europea.
Vicenç Navarro
Si usted lee las revistas económicas o las páginas económicas de la prensa diaria de los países de la Unión Europea (UE.), incluyendo las de España, verá gran número de artículos de economistas liberales que atribuyen el elevado desempleo en la mayoría de países de la UE a una supuesta “rigidez” de los mercados laborales europeos y a lo que consideran ser una “excesiva” generosidad de la protección social en aquellos países. Lo que hay que hacer para disminuir tan elevado desempleo es, según tales autores, seguir el “modelo liberal” de EE.UU., es decir, desregular los mercados de trabajo (disminuyendo los costes del despido del trabajador, entre otras medidas desreguladoras) y reducir la protección social, tal como hace EE.UU., donde el gasto público social (18% del PIB) es mucho más bajo que el promedio de los países de la Unión Europea de los Quince (28%). La desregulación de los mercados de trabajo y la escasa protección social existentes en EE.UU. es la causa –según tales economistas liberales- de que el desempleo en EE.UU. sea menor que el existente en el promedio de los países de la UE-15. El problema que tal explicación tiene es que los datos no lo confirman. Ello no es obstáculo, sin embargo, para que tal interpretación de las causas del desempleo en la UE-15, incluyendo España, haya adquirido la categoría de dogma en los círculos económicos y financieros europeos (incluyendo los españoles). Y como todos los dogmas, se reproduce a base de fe, en lugar de evidencia empírica. Veamos los datos. El primer dato, de carácter aclaratorio, es que el Estado de EE.UU. no es un estado liberal. Hablar de “modelo liberal” cuando se habla del gobierno federal de EE.UU. es mostrar un profundo desconocimiento de tal estado. El estado federal estadounidense es profundamente intervencionista en las áreas económicas, teniendo un comportamiento típicamente keynesiano. Y ello ha sido así desde tiempos del Presidente Roosevelt, cuando éste estableció el New Deal como manera de resolver la Primera Gran Depresión Mundial a principios del siglo XX. El New Deal fue la intervención federal que se basó en un gran crecimiento del gasto público como manera de aumentar la demanda de productos y servicios por parte de la población –y muy en particular de las clases populares- a fin de estimular el crecimiento económico (el gasto público en el New Deal alcanzó un 56% del PIB). Tal estímulo fue facilitado por el establecimiento del Banco Central Estadounidense (el Federal Reserve Board) que siempre tuvo como objetivo el estimular el crecimiento económico y la creación de empleo a partir de garantizar intereses bancarios bajos, fácilmente accesibles a las empresas y a las personas. Es más, el aumento del gasto público se hizo, en parte, a base de aumentar el déficit del presupuesto del estado, permitiendo un incremento de la deuda del estado. Y el New Deal inició otra práctica keynesiana, la intervención de apoyo a las empresas incluyendo medidas altamente proteccionistas.Estos componentes keynesianos han estado presentes en todas las políticas públicas de todos los gobiernos federales tanto republicanos como demócratas. Franklin Roosevelt y Harry Truman aumentaron el gasto público permitiendo un elevado déficit del estado federal, con el consiguiente crecimiento de la deuda pública. Más tarde, el Presidente Eisenhower combatió la recesión a base de establecer el Programa Federal de Carreteras, el Federal Aid Highway Act, que construyó la red de carreteras federales existentes en EE.UU., red que se construyó, en parte, a base de aumentar el déficit público hasta un 6% del PIB.Un tanto semejante ocurrió con el Presidente Nixon, que explícitamente se definió como keynesiano. E incluso el mal llamado padre de la revolución liberal, el Presidente Reagan, aumentó el gasto público significativamente (primordialmente en la industria militar), aumentando los impuestos (no sólo una, sino dos veces), siendo el Presidente que los aumentó más en tiempos de paz en los últimos cincuenta años. Disminuyó los impuestos del diez por ciento de renta superior del país, pero los aumentó para la mayoría de la población. Y financió el aumento del gasto público también a través del incremento del déficit público que alcanzó un 6% del PIB. Tal como indicó su Ministro de Defensa, el gobierno federal tenía la política industrial más avanzada del mundo capitalista, lo cual realizaba a través del gasto público militar. Un tanto semejante ocurrió con los presidentes republicanos Bush padre y Bush hijo, cuando el déficit federal alcanzó (en ambas administraciones) niveles superiores al 6% del PIB. Durante todos estos años las ayudas públicas a las empresas y al mantenimiento de la infraestructura del país alcanzaron un 7,1% del PIB, el porcentaje mayor en la OECD. Y hoy estamos viendo como el Presidente electo Obama está proponiendo (resultado de una enorme presión popular) como medida de resolver la enorme recesión un enorme incremento del gasto público federal (de hasta 800.000 millones de dólares), gasto que tendrá lugar no en las áreas militares, sino en infraestructuras de transporte y en servicios públicos como sanidad y escuelas públicas, así como en empresas de carácter ecológico, financiándose tal aumento con impuestos sobre los sectores más pudientes de la sociedad y con un incremento del déficit del estado que alcanzará más de un 7% del PIB. Por lo general, el keynesianismo estadounidense ha sido más militar que social. Es decir, el gasto público social se ha invertido en las industrias militares, pero el sentir popular antimilitar está forzando un cambio de las inversiones hacia las empresas sociales y ecológicas.Es este aumento del gasto público en inversiones en tiempos de recesión, permitiendo un elevado déficit, lo que ha permitido a EE.UU. tener un desempleo relativamente bajo a lo largo de su historia en el siglo XX. Ahora bien, estas políticas keynesianas contrastan con las políticas liberales de la Unión Europea que a través del Pacto de Estabilidad limita el gasto público, no permitiendo un déficit del Estado por encima del 3% del PIB, y que (junto con la política de disminuir los impuestos) ha forzado una reducción del gasto público. Esta reducción de gasto y la política del Banco Central Europeo de mantener unos intereses bancarios altos, son la causa del bajo crecimiento económico y alto desempleo en la UE-15. Esta es la razón de que la UE tenga un desempleo mayor que EE.UU. Y la mejor prueba de ello es que los países miembros de la UE-15, que durante el periodo 1950-1980 habían tenido un desempleo menor que EE.UU., pasaron a tener un desempleo mayor a partir del establecimiento del Pacto de Estabilidad y de la creación del Banco Central Europeo. El hecho de que EE.UU. no haya seguido las políticas liberales de la UE (a EE.UU. no se le hubiera permitido entrar en la UE) es la causa de que su desempleo sea menor.El mantenimiento del liberalismo en la estructura institucional de la UE es la causa de que el desempleo aumentará mucho más en la UE durante la crisis actual que en EE.UU. Conociendo la fortaleza del dogma liberal de la UE en los medios económicos y financieros europeos (y españoles), puedo predecir que el Consejo de la UE, la Comisión Europea y el Banco Central Europeo continuarán diciendo que hay que desregular el mercado de trabajo y reducir la protección social para disminuir el desempleo, intervenciones que empeorarán en lugar de mejorar la situación actual. Lo que se requiere es un cambio muy sustancial de las prácticas liberales institucionalizadas en la Comisión Europea y en el Banco Central Europeo, para recuperar las prácticas que abandonaron cuando se estableció la Unión Europea.
jueves, 27 de noviembre de 2008
ERROR DE LAS IZQUIERDAS
El error de las izquierdas
Por muchos años ha habido una percepción generalizada entre intelectuales de izquierdas (que incluyen desde Susan George a Jürgen Habermas y Ulbrich Beck) de que los estados estaban perdiendo poder como consecuencia de la globalización, siendo éstos sustituidos por las corporaciones multinacionales que se han convertido en las unidades claves del orden económico internacional. Es más, esta situación de debilidad de los estados se ha atribuido a la victoria del neoliberalismo que ha promovido la necesidad de reducir el papel del estado en el espacio económico y social del país.
Tal interpretación de los hechos es insuficiente cuando no errónea y está dificultando la comprensión de lo que está sucediendo en la actualidad. Varios son los supuestos erróneos de aquella percepción de que los estados han estado perdiendo poder y las multinacionales son las nuevas unidades que dominan la economía internacional. En realidad, las multinacionales son empresas nacionales cuya actividad es internacional (es decir, se realiza en varias naciones) pero están basadas en un país, siendo su relación con el estado de aquel país clave para entender su comportamiento (desde su distribución territorial a su política empresarial). De ahí que tales empresas deberían llamarse Transnacionales en lugar de Multinacionales y constituyen las entidades económicas que centran el tejido que influencia enormemente al Estado. Este maridaje mundo empresarial-clase política es una de las constantes de los sistemas políticos democráticos que configuran en gran manera las políticas públicas de los estados. En EE.UU. tal maridaje se llama “Washington” y es enormemente impopular, lo cual explica que todos los candidatos en las últimas elecciones presidenciales tuvieran que presentarse como anti-Washington. Es este maridaje el que ha creado el Consenso de Washington en EE.UU. y el Consenso de Bruselas en la Unión Europea. Y aun cuando Bruselas no ha alcanzado el nivel de impopularidad que ha alcanzado Washington, está acumulando créditos para llegar al mismo nivel. El creciente rechazo hacia la Constitución Europea y hacia la Unión Europea por parte de amplios sectores de las clases populares es un ejemplo de ello. En ambos casos, el establishment político es percibido como cautivo de los grupos financieros y empresariales.
Este maridaje mundo empresarial-clase política, sin embargo, no puede interpretarse como la mera instrumentalización del estado por parte de las empresas transnacionales basadas en estos países. En realidad tales empresas son piezas clave en un entramado de lo que en EE.UU. se llama la clase empresarial (Corporate Class) que necesita para su existencia y reproducción la alianza de las clases profesionales que constituyen en general el 30% de la población de mayor renta en el país. Esta realidad debiera llevarnos a desenterrar de nuevo el concepto olvidado de clases sociales y de lucha de clases. Lo que hemos estado viendo durante los últimos treinta años no es la desaparición del estado sino la acentuación del carácter de clase del estado como consecuencia de la enorme influencia de la clase empresarial y de las clases medias de renta alta en tal estado que ha desarrollado políticas públicas encaminadas a optimizar sus intereses económicos. El neoliberalismo ha sido su filosofía, la cual tiene una narrativa que no coincide con su práctica. Su discurso antiestado se refiere única y exclusivamente al estado social, en absoluto al estado económico, industrial o fiscal.
El Presidente Reagan, presentado como el iniciador del neoliberalismo, fue el mejor ejemplo de lo que estoy diciendo. El gobierno Reagan fue enormemente intervencionista. El gasto público federal aumentó y la carga fiscal de la mayoría de la población aumentó como ningún otro Presidente había hecho antes en tiempos de paz en EE.UU. Y sus políticas públicas fueron profundamente keynesianas, en absoluto liberales. Ejemplos hay miles. Uno de ellos es que cuando la economía estadounidense cayó en recesión al principio de su mandato (en 1982 el PIB de EE.UU. se contrajo un 1,9%, la mayor caída desde la II Guerra Mundial) y el desempleo aumentó a un 9,2% (la cifra mas alta desde los años treinta), la administración Reagan (definido por el ideólogo ultraliberal Xavier Sala i Martí como “el gran liberal”) respondió de la manera que los libros de texto definen como keynesianismo. El gasto público aumentó espectacularmente, creándose un déficit del presupuesto del gobierno federal de nada menos que un 6% del PIB. La gran expansión del gasto público fue en gasto militar, cuyo estímulo económico y creación de empleo fue menor, por cierto, que si el gasto de inversiones hubiera sido en servicios públicos como sanidad, servicios sociales e infraestructura del país. Ahora bien, así y todo, un crecimiento tan masivo del gasto público estimuló la economía de manera que la economía creció en 1983 un 4,5%, y en 1984 un 7,2%, lo que le permitió anunciar al pueblo estadounidense que un “nuevo amanecer” existía en América, venciendo ampliamente las elecciones de aquel año.
Es por lo tanto un error aceptar (como constantemente se hace) la dicotomía de que las dos prácticas existentes en política económica es la antiestado (liberal) versus la proestado (keynesiana). Los gobiernos liberales han sido profundamente intervencionistas. Como bien dijo John Williamson, el gran guru del neoliberalismo del consenso de Washington, “hay que fijarse no en lo que el gobierno federal dice sino en lo que hace. Lo que proponemos al exterior no es lo que hacemos en casa”. No podía haberse dicho mejor. En realidad, el Secretario de Defensa de la Administración Reagan, Caspar Weinberger, había dicho en una entrevista al Washington Post (2.9.81) que el gobierno federal de EE.UU. tenía la política industrial más desarrollada en el mundo democrático, a través del gasto militar.
Es por lo tanto un error de varios autores socialistas europeos identificar el socialismo con el liberalismo (tal como hace el socio-liberalismo), proponiendo el socialismo como el auténtico liberalismo. Autores como Anthony Giddens ignoran que lo que se llama liberalismo es el intervencionismo de estado a favor del mundo empresarial y a favor de las clases dominantes (el 30% de renta superior del país). ¿Es esto lo que están proponiendo?
¿Qué hay que hacer?
La solución a la recesión actual es bastante fácil de ver. Mírense cualquier texto de historia económica mínimamente objetiva y lo verán. Hay que hacer lo que Reagan hizo, pero con un sentido de clase opuesto al que el realizó. El recuperó la economía mediante medidas que favorecieron primordialmente a las clases dominantes de EE.UU. Es a partir de la revolución liberal liderada por el Presidente Reagan que las rentas del trabajo como porcentaje de la renta nacional descendieron y las rentas de capital subieron. Y lo mismo ocurrió en Europa. Nunca antes en los últimos cincuenta años el porcentaje procedente de las rentas del trabajo había bajado tanto. Lo que tienen que hacer las izquierdas en Europa es resolver la recesión en términos favorables a las clases trabajadoras y a las clases populares. Ello quiere decir que hay que aumentar el gasto público (incluyendo el gasto público social que refuerza al mundo del trabajo) de una manera mucho más acentuada de lo que está proponiendo el Ministro de Economía del Gobierno socialista español, el Sr. Solbes. El objetivo de este aumento de gasto público es crear empleo a base de aumentar el gasto en los servicios públicos que en España están muy poco desarrollados. Sólo un 9% de la población adulta trabaja en sanidad, educación, servicios sociales, escuelas de infancia y servicios de dependencia, comparado con un 15% en la UE-15 y un 25% en Suecia, uno de los países que tienen mayor protección social y mayor eficiencia económica. Estos fondos, que deberían ser generados primordialmente por el Gobierno central, deberían transferirse a las CC.AAs. y a los municipios cuyas finanzas están en situación muy precaria. Otro capítulo de inversión importante debería ser en las infraestructuras y muy en especial a la que beneficia a las clases populares (más ferrocarriles locales que AVE, por ejemplo). La financiación del gasto debiera ser mediante el aumento del déficit, alcanzando niveles mucho más elevados que el que el Sr. Pedro Solbes está dispuesto a permitir, llegando a niveles incluso de un 5% a un 6% del PIB. Ello exigiría una gran flexibilización del Pacto de Estabilidad Europeo que ha estado frenando el crecimiento económico de Europa durante los años de su existencia.
La causa de que la Unión Europea haya tenido un mayor desempleo que EE.UU. a partir de los años ochenta no se ha debido, como los economistas liberales proclaman, a la mayor desregulación de los mercados laborales y financieros y menor gasto en protección social en EE.UU., sino a que el estado federal estadounidense es más keynesiano que el gobierno de la UE (la Comisión Europea). EE.UU. tiene un gasto público federal equivalente al 19% del PIB (frente a un 1,1% del PIB europeo en la Unión Europea) que, junto con la reducción de los intereses por parte del Banco Central –The Federal Reserve Board- (que han sido históricamente más bajos que los intereses del Banco Central Europeo), ha tenido un impacto estimulante mucho mayor que el del limitado gobierno europeo. El debate, por lo tanto, no debiera ser estado o no estado (un debate que no responde a la realidad), sino qué tipo de intervención del estado y al servicio de qué clases sociales. El keynesianismo estadounidense ha ayudado claramente a las rentas del capital. La izquierda debiera promover el keynesianismo social que facilitara las rentas del trabajo, cuya disminución es la causa del desplome de la demanda, causa mayor de la recesión actual.
Pero el keynesianismo no es suficiente. Y esto el gobierno federal de EE.UU. y varios gobiernos europeos (incluido el británico) lo han visto claramente. Tales gobiernos han visto que tenían que recurrir no sólo al estímulo de la demanda sino también al control de crédito. Han nacionalizado en la práctica las instituciones crediticias. Pero ahí de nuevo, el tema de debate no debiera ser sobre si nacionalizar o no, sino sobre qué tipo de nacionalización y para el bien de quién. La nacionalización de la banca, por cierto, no ha sido nada nuevo. Todas las crisis bancarias han visto nacionalizaciones de la banca. El tema es ¿a beneficio de quién se realiza tal intervención? En EE.UU. se ha hecho a beneficio del capital financiero.
Una última observación. La recesión actual exigirá un replanteamiento de las instituciones de la Unión Europea, haciéndolas más sensibles al mundo del trabajo a costa del mundo del capital, cuyos beneficios exuberantes en los últimos diez años están también en la base del comportamiento especulativo que ha seguido la comunidad bancaria. Desde el Banco Central Europeo hasta la Comisión Europea tendrán que cambiar profundamente. Que lo hagan o no depende, en parte, de que las izquierdas recuperen aquellos valores y análisis de la realidad que abandonaron.
Vicenç Navarro es catedrático de Políticas Públicas. Universitat Pompeu Fabra
lunes, 10 de noviembre de 2008
LOS AMOS DEL MUNDO
LOS AMOS DEL MUNDO
(Artículo del escritor español Arturo Pérez-Reverte, publicado en 'El Semanal' el 15 de noviembre de 1998, y que ahora, diez años después, parece una visión de Nostradamus).
Usted no lo sabe, pero depende de ellos. Usted no los conoce ni se los cruzará en su vida, pero esos hijos de la gran puta tienen en las manos, en la agenda electrónica, en la tecla intro del computador, su futuro y el de sus hijos.
Usted no sabe qué cara tienen, pero son ellos quienes lo van a mandar al paro en nombre de un tres punto siete, o un índice de probabilidad del cero coma cero cuatro.
Usted no tiene nada que ver con esos fulanos porque es empleado de una ferretería o cajera de Pryca, y ellos estudiaron en Harvard e hicieron un máster en Tokio, o al revés, van por las mañanas a la Bolsa de Madrid o a la de Wall Street, y dicen en inglés cosas como long-term capital management, y hablan de fondos de alto riesgo, de acuerdos multilaterales de inversión y de neoliberalismo económico salvaje, como quien comenta el partido del domingo.
Usted no los conoce ni en pintura, pero esos conductores suicidas que circulan a doscientos por hora en un furgón cargado de dinero van a atropellarlo el día menos pensado, y ni siquiera le quedará el consuelo de ir en la silla de ruedas con una recortada a volarles los huevos, porque no tienen rostro público, pese a ser reputados analistas, tiburones de las finanzas, prestigiosos expertos en el dinero de otros. Tan expertos que siempre terminan por hacerlo suyo. Porque siempre ganan ellos, cuando ganan; y nunca pierden ellos, cuando pierden.
No crean riqueza, sino que especulan. Lanzan al mundo combinaciones fastuosas de economía financiera que nada tienen que ver con la economía productiva. Alzan castillos de naipes y los garantizan con espejismos y con humo, y los poderosos de la Tierra pierden el culo por darles coba y subirse al carro.
Esto no puede fallar, dicen. Aquí nadie va a perder. El riesgo es mínimo. Los avalan premios Nóbel de Economía, periodistas financieros de prestigio, grupos internacionales con siglas de reconocida solvencia.
Y entonces el presidente del banco transeuropeo tal, y el presidente de la unión de bancos helvéticos, y el capitoste del banco latinoamericano, y el consorcio euroasiático, y la madre que los parió a todos, se embarcan con alegría en la aventura, meten viruta por un tubo, y luego se sientan a esperar ese pelotazo que los va a forrar aún más a todos ellos y a sus representados.
Y en cuanto sale bien la primera operación ya están arriesgando más en la segunda, que el chollo es el chollo, e intereses de un tropecientos por ciento no se encuentran todos los días. Y aunque ese espejismo especulador nada tiene que ver con la economía real, con la vida de cada día de la gente en la calle, todo es euforia, y palmaditas en la espalda, y hasta entidades bancarias oficiales comprometen sus reservas de divisas. Y esto, señores, es Jauja.
Y de pronto resulta que no. De pronto resulta que el invento tenía sus fallos, y que lo de alto riesgo no era una frase sino exactamente eso: alto riesgo de verdad.
Y entonces todo el tinglado se va a tomar por el saco. Y esos fondos especiales, peligrosos, que cada vez tienen más peso en la economía mundial, muestran su lado negro. Y entonces, ¡oh, prodigio!, mientras que los beneficios eran para los tiburones que controlaban el cotarro y para los que especulaban con dinero de otros, resulta que las pérdidas, no.
Las pérdidas, el mordisco financiero, el pago de los errores de esos pijolandios que juegan con la economía internacional como si jugaran al Monopoly, recaen directamente sobre las espaldas de todos nosotros.
Entonces resulta que mientras el beneficio era privado, los errores son colectivos, y las pérdidas hay que socializarlas, acudiendo con medidas de emergencia y con fondos de salvación para evitar efectos dominó y chichis de la Bernarda.. Y esa solidaridad, imprescindible para salvar la estabilidad mundial, la paga con su pellejo, con sus ahorros, y a veces con su puesto de trabajo, Mariano Pérez Sánchez, de profesión empleado de comercio, y los millones de infelices Marianos que a lo largo y ancho del mundo se levantan cada día a las seis de la mañana para ganarse la vida.
Eso es lo que viene, me temo. Nadie perdonará un duro de la deuda externa de países pobres, pero nunca faltarán fondos para tapar agujeros de especuladores y canallas que juegan a la ruleta rusa en cabeza ajena.
Así que podemos ir amarrándonos los machos. Ése es el panorama que los amos de la economía mundial nos deparan, con el cuento de tanto neoliberalismo económico y tanta mierda, de tanta especulación y de tanta poca vergüenza.
(Artículo del escritor español Arturo Pérez-Reverte, publicado en 'El Semanal' el 15 de noviembre de 1998, y que ahora, diez años después, parece una visión de Nostradamus).
Usted no lo sabe, pero depende de ellos. Usted no los conoce ni se los cruzará en su vida, pero esos hijos de la gran puta tienen en las manos, en la agenda electrónica, en la tecla intro del computador, su futuro y el de sus hijos.
Usted no sabe qué cara tienen, pero son ellos quienes lo van a mandar al paro en nombre de un tres punto siete, o un índice de probabilidad del cero coma cero cuatro.
Usted no tiene nada que ver con esos fulanos porque es empleado de una ferretería o cajera de Pryca, y ellos estudiaron en Harvard e hicieron un máster en Tokio, o al revés, van por las mañanas a la Bolsa de Madrid o a la de Wall Street, y dicen en inglés cosas como long-term capital management, y hablan de fondos de alto riesgo, de acuerdos multilaterales de inversión y de neoliberalismo económico salvaje, como quien comenta el partido del domingo.
Usted no los conoce ni en pintura, pero esos conductores suicidas que circulan a doscientos por hora en un furgón cargado de dinero van a atropellarlo el día menos pensado, y ni siquiera le quedará el consuelo de ir en la silla de ruedas con una recortada a volarles los huevos, porque no tienen rostro público, pese a ser reputados analistas, tiburones de las finanzas, prestigiosos expertos en el dinero de otros. Tan expertos que siempre terminan por hacerlo suyo. Porque siempre ganan ellos, cuando ganan; y nunca pierden ellos, cuando pierden.
No crean riqueza, sino que especulan. Lanzan al mundo combinaciones fastuosas de economía financiera que nada tienen que ver con la economía productiva. Alzan castillos de naipes y los garantizan con espejismos y con humo, y los poderosos de la Tierra pierden el culo por darles coba y subirse al carro.
Esto no puede fallar, dicen. Aquí nadie va a perder. El riesgo es mínimo. Los avalan premios Nóbel de Economía, periodistas financieros de prestigio, grupos internacionales con siglas de reconocida solvencia.
Y entonces el presidente del banco transeuropeo tal, y el presidente de la unión de bancos helvéticos, y el capitoste del banco latinoamericano, y el consorcio euroasiático, y la madre que los parió a todos, se embarcan con alegría en la aventura, meten viruta por un tubo, y luego se sientan a esperar ese pelotazo que los va a forrar aún más a todos ellos y a sus representados.
Y en cuanto sale bien la primera operación ya están arriesgando más en la segunda, que el chollo es el chollo, e intereses de un tropecientos por ciento no se encuentran todos los días. Y aunque ese espejismo especulador nada tiene que ver con la economía real, con la vida de cada día de la gente en la calle, todo es euforia, y palmaditas en la espalda, y hasta entidades bancarias oficiales comprometen sus reservas de divisas. Y esto, señores, es Jauja.
Y de pronto resulta que no. De pronto resulta que el invento tenía sus fallos, y que lo de alto riesgo no era una frase sino exactamente eso: alto riesgo de verdad.
Y entonces todo el tinglado se va a tomar por el saco. Y esos fondos especiales, peligrosos, que cada vez tienen más peso en la economía mundial, muestran su lado negro. Y entonces, ¡oh, prodigio!, mientras que los beneficios eran para los tiburones que controlaban el cotarro y para los que especulaban con dinero de otros, resulta que las pérdidas, no.
Las pérdidas, el mordisco financiero, el pago de los errores de esos pijolandios que juegan con la economía internacional como si jugaran al Monopoly, recaen directamente sobre las espaldas de todos nosotros.
Entonces resulta que mientras el beneficio era privado, los errores son colectivos, y las pérdidas hay que socializarlas, acudiendo con medidas de emergencia y con fondos de salvación para evitar efectos dominó y chichis de la Bernarda.. Y esa solidaridad, imprescindible para salvar la estabilidad mundial, la paga con su pellejo, con sus ahorros, y a veces con su puesto de trabajo, Mariano Pérez Sánchez, de profesión empleado de comercio, y los millones de infelices Marianos que a lo largo y ancho del mundo se levantan cada día a las seis de la mañana para ganarse la vida.
Eso es lo que viene, me temo. Nadie perdonará un duro de la deuda externa de países pobres, pero nunca faltarán fondos para tapar agujeros de especuladores y canallas que juegan a la ruleta rusa en cabeza ajena.
Así que podemos ir amarrándonos los machos. Ése es el panorama que los amos de la economía mundial nos deparan, con el cuento de tanto neoliberalismo económico y tanta mierda, de tanta especulación y de tanta poca vergüenza.
lunes, 6 de octubre de 2008
LA BANCA PUBLICA
La banca pública, más necesaria que nunca
Juan Torres López
El Plural
Sin que esté ni mucho menos resuelta, la actual crisis está proporcionando ya algunas enseñanzas.
Una de ellas está siendo casi generalmente admitida, incluso por los más fervientes defensores del sistema capitalista: la necesidad de establecer mucha más transparencia, más seguridad, más rigor y menos favoritismos en la regulación de las finanzas internacionales.
Efectivamente, les guste o no a los defensores a ultranza del mercado, lo que está ocurriendo desde hace meses va a obligar a que haya de hablarse de nuevo de controles y de "represión financiera", por utilizar la expresión que utiliza el catedrático Antonio Torrero Mañas en su último y una vez más magnífico libro ("Revolución en las finanzas. Los grandes cambios en las ideas. represión y liberalización financiera". Marcial Pons 2008).
Por muy cuantiosos que sean los planes de rescate, por muy generosas que sean las inyecciones de liquidez de los bancos centrales (y al mismo tiempo que generosas, inmorales cuando se comparan con las cifras mucho más modestas que se necesitaría movilizar para acabar con la pobreza o el hambre), va a ser completamente imposible terminar con la crisis si no se modifica la regulación hoy día existente del mundo financiero.
Y el cambio tendrá que venir necesariamente por otra vía del control y la represión de las finanzas especulativas, de los movimiento erráticos y volátiles que solo crean beneficios para pocos e inestabilidad para todos.
Todo lo que no sea empezar por ahí será en vano.
Pero de otra enseñanza de la crisis se habla mucho menos, porque a los culpables de la crisis (que también controlan el sistema de comunicación social) no les interesa que se hable de ello.
Me refiero a que se ha demostrado una vez más que el mercado, en este caso el financiero y bancario, se ha mostrado incapaz de proporcionar por sí mismo los flujos de financiación que necesita cualquier economía. Y esa es precisamente la razón por la que una crisis inicialmente financiera ha terminado por afectar al conjunto de la actividad productiva en los términos tan graves que estamos viendo.
Esa incapacidad del mercado financiero está hundiendo a las economías por falta de la financiación suficiente para que los empresarios y consumidores alimenten la actividad económica creando riqueza y empleo. Y es por tanto ahora cuando se echa gravemente en falta la existencia de una banca pública potente, dedicada a garantizar el flujo de financiación a la actividad productiva y no a la especulación y a hacer beneficios fáciles pero muy arriesgados.
La banca comercial que tradicionalmente estaba orientada a llevar a cabo esa tarea se ha convertido en banca de inversión, pero de una inversión financiera muy arriesgada y volátil y que no tiene apenas nada que ver con la actividad productiva, haciendo así una dejación fatal de su función como prestamista para que los sujetos económicos puedan emprender nuevas actividades y negocios.
Mientras que los bancos españoles como el Santander se dedican a comprar entidades en medio mundo o a acumular fondos en mercados secundarios, las asociaciones de jóvenes empresarios denuncian que casi el 70% de los emprendedores reciben una negativa cuando solicitan préstamos para abrir negocios y miles de operaciones comerciales se frustran, hundiendo así la actividad económica, por falta de financiación.
Es evidente, pues, que la desaparición de la banca pública fue un error, una renuncia solo justificada para que la banca privada dejara de tener competencia. Y, por supuesto, un error que ahora estamos pagando caro.
Es imprescindible volver a disponer de una potente banca pública pero no de cualquier tipo de ella, como también nos está enseñando la crisis.
Nuestras cajas de ahorro, que podrían y deberían haber desempeñado ese papel, se han convertido en un clon de la banca privada, y ahora reproducen sus carencias y limitaciones. Lo que demuestra que lo que se necesita no es cualquier tipo de banca pública, sino un nuevo tipo de intermediación bancaria obligada a estar al servicio de la creación de riqueza y de actividad productiva, no a financiar pelotazos o burbujas especulativas, como ha estado ocurriendo.
A los que en estos últimos años hemos defendido el control social de las finanzas, la represión de la actividad especulativa y, sobre todo, la nacionalización de la banca nos han llamado extremistas, radicales, utópicos y anclados en el pasado. ¡De todo!
Ahora que los negocios se paralizan porque los banqueros han dilapidado los depósitos de sus clientes se puede comprobar quién tenía razón y quién estaba en lo cierto. No será fácil que se le de la vuelta a la situación porque el poder de los banqueros es inmenso pero hagan lo que hagan no podrán cambiar la realidad: saldrán de la crisis y evitarán tenerlas de este tipo en el futuro los países que aprovechen la oportunidad para crear y consolidar un nuevo tipo de banca pública.
Juan Torres López es Catedrático de Economía Aplicada en la Universidad de Sevilla. Su web personal: http://www.juantorreslopez.com
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